The Wickerman
Es difícil encontrar algo, lo que sea, completamente original. Con más de cien mil años de humanidad, cuatro o cinco mil años de escritura y casi veinte temporadas de Los Simpsons, es casi imposible no ver conexiones en todas partes, las mismas ideas apareciendo una y otra vez en el cine y la televisión, la música y los libros, los cómics y la religión. Prácticamente cualquier obra literaria es un pequeño Frankenstein de papel, y muchas películas son básicamente clones (muchos de ellos clones fallidos y Por todo esto hay que tener mucho cuidado cuando uno habla de plagio. Incluso en un mundo supuestamente tan globalizado e interconectado como el nuestro, los cerebros no están libres de la influencia de la resonancia mórfica (que a lo mejor no existe, pero bueno), y no es raro que a uno se le ocurra una gran idea genial nunca-antes-vista sólo para luego toparse con un argumento sospechosamente similar en una revista de los años 50's o un pasaje de las Upanishads. Vamos, a mí me ha pasado
El comic The Wickerman, de Chris Chillsea, Edward Sims y Brian Whitman, es una especie de peluche mutante. El trozo más grande, digamos el torso y la cabeza, parece haber sido arrancado a la trilogía His Dark Materials (P. Pullman) y cosido ingeniosa pero notoriamente a partes de Hellblazer, Dogma, Planetary y otra multitud de cosas que ya eran buenas por sí mismas.
Pero no estoy diciendo que The Wickerman sea malo, ni mucho menos. Sólo digo que se notan las costuras, que es fácil rastrear sus fuentes e influencias, cosa que además sus creadores se esfuerzan por dejar en claro: en la última página del número 6 hay una lista de libros, cómics y películas en las que se basaron para el diseño de algunos personajes (el más obvio de ellos siendo el celebérrimo John Constantine) y el desarrollo argumental. Los autores confiesan en la contraportada del primer número que The Wickerman fue originalmente una campaña rolera muy particular (empezó siendo d20 para volverse GURPS poco a poco y finalmente casi rol-en-vivo), donde el máster y los jugadores se alternaban continuamente e iban añadiendo ideas de las distintas novelas y cómics que iban leyendo. Después de un par de años el grupo rolero se disolvió (pasa en las películas,
El resultado final es cuando menos entretenido. La mezcla tiene un sabor agradable, aunque habrá paladares para los que esta combinación de homenaje-plagio-amalgama-ideológica resultará excesivamente agridulce. El trasfondo argumental puede ser abigarrado y estar lleno de referencias ocultas metatextuales al más puro estilo
El primer arco argumental se titula Bubbles y comprende los seis primeros números, y éste es un resumen LLENO DE SPOILERS:
Un tipo misterioso que se hace llamar Mr. E. y cuya apariencia es básicamente la de John Constantine en smoking recluta a tres personas para llevar a cabo una especie de Misión Imposible. El primero en unirse al grupo es un joven gótico perteneciente a la primera generación de niños probeta. Su nombre es Paul y tiene una fijación edípica bastante severa. Mr. E. lo encuentra un día en las afueras de un pub, borracho y drogado, y Paul lo toma por una alucinación en un juego de luces y sombras magistralmente tratado por Whitman.
La segunda en llegar es Rebecca, una muchacha norteamericana enferma del corazón, que ha huído de su sobreprotectora y conservadora familia (su padre es un rabino de Nueva York) y quiere aprovechar lo poco que le queda de vida.
El último recluta es un joven profesor de historia y literatura de una universidad francesa. A diferencia de los otros dos, Lucien (así se llama) no está desamparado ni confundido, así que Mr. E. se las arregla para hacerle creer que está siendo perseguido por un grupo de masones tipo El Péndulo de Foucault, cosa que Lucien se cree porque recientemente ha descubierto cosas bastante intrigantes en unos pergaminos babilónicos.
Una vez reunidos los dispares integrantes de esta pequeña secta, viene la primera tanda de revelaciones. Mr. E. les explica a sus muchachos la teoría del multiverso, mencionando de pasada a George Ellis, Hugh Everett y Andrei Linde y llevándolos de paseo a una dimensión vecina. Esto de pasar de una dimensión (i.e. burbuja) a otra no requiere poco esfuerzo, y Mr. E. quiere que entre todos consigan un artefacto místico que facilita las cosas. Después de un poco de entrenamiento y planificación, y la inapreciable ayuda de ALICE, la infantil inteligencia artificial de la casa de campo inglesa en la que viven todos (digamos, la Cerebra de la Mansión X), el equipo se escabulle en una bóveda secreta del Vaticano de una realidad paralela, y roban un crucifijo que hace las veces de
Antes de regresar al mundo original, Mr. E. lleva a Paul a una tercera dimensión donde un chamán picto adiestra al chico en el uso del crucifijo como llave entre realidades. El chamán es un tipo alto, peludo y lleno de símbolos azules tatuados, y se parece muchísimo al Spyder Jerusalem del primer número de Transmetropolitan o, lo que es lo mismo, al ídolo de ídolos:
Ahora que Paul sabe usar el crucifijo, y el salto interdimensional es más fácil, es hora de revelar un poco más sobre el plan maestro: el Cielo y el Infierno están en guerra (¡oh, qué sorpresa!) y la batalla final está supuestamente cerca. El problema es que gane quien gane, la humanidad está jodida, y Mr. E., como el filántropo definitivo, quiere destruir tanto a un bando como al otro y liberar a los hombres del yugo divino-diabólico.
Los números siete al diez de The Wickerman narran las aventuras de Mr. E. y sus muchachos, que realizan misiones en distintos mundos, a veces rastreando y reclutando aliados para la guerra, y otras veces combatiendo enemigos. Uno de los mejores capítulos se llama Lilliput, y en él Paul y Lucien se trasladan a una dimensión donde las leyes de la física hacen de ellos seres superpoderosos. Allí se enfrentan a Jonathan Swift, uno de los agentes del Infierno, que tampoco es nativo de esta burbuja, y es prácticamente un Superdictador. Abundan las referencias a 1984 y Brave New World, por supuesto.
En otro episodio, el grupo viaja a una Siberia alternativa a liberar a un Otto Hahn, prisionero de Raskólnikov en una gulag. El objetivo final es conseguir que Hahn dé el puntapié inicial a la era atómica, ya que los planes de Mr. E. requieren que varias burbujas cuenten con energía nuclear.
A medida que la historia avanza vamos descubriendo también las razones que tuvo Mr. E. para elegir a sus reclutas. Al ser un niño probeta, Paul carece de alma; Rebecca es descendiente directa de Jesucristo; y Lucien es la prisión mortal del mismísimo Lucifer, encerrado en carne y hueso por una anterior encarnación de Mr. E.
Sí, porque Mr. E. es Enoch, Elías, Erik el Rojo, Erasmo de Rotterdam y un montón de otra gente a lo largo y ancho de las distintas épocas y dimensiones de la creación. En vez de vivir para siempre como un Highlander, Mr. E. conoce de antemano la fecha de su muerte (de cada una de sus muertes) y poco antes de fallecer realiza un poderoso hechizo que envía su alma a un nuevo recipiente cuidadosamente escogido. De esta manera lleva milenios manejando los hilos tras bambalinas (y traspasando la esencia de Lucifer de una prisión a otra).
En el último número que leí (número 12, julio 2007), las cosas parecen empezar a ir muy mal para Mr. E. Un antiquísimo aliado de Lucifer termina su condena en algo que se parece a la Dimensión Fantasma, y se prepara para despertar al Ángel Caído y vengarse del señor del smoking. Así, de hecho, se llama el próximo arco argumental: The Smoking Man, que es un juego de palabras porque Mr. E. no sólo viste bien, sino que fuma mucho.
No sé si vale la pena decir algo más. Así, escrito en unos cuantos párrafos, el argumento puede parecer trillado o simplón, pero puedo asegurar que no lo es. Es rápido y sencillo, y las preguntas que va planteando las va respondiendo casi a la vez, evitando enredarse en misterios místicos incomprensibles.
Es una bonita obra de fantasía, las ilustraciones son más que correctas y es divertido tratar de pillar todas las referencias de la lista. Otro gran título comiquero para el carrito de la compra... o, mejor dicho, el carrito del emule, junto a Y The Last Man, The Boys, All-Star Superman y muchos, muchos más.
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* Entonces va Ellis y saca Blacksummer.
** Que parece una mezcla de La saga del retorno (O. S. Card) y La saga del Exilio en el Plioceno (Julian May), que no había leído todavía.
2 comentarios:
O.O
te fuiste directo a mis links.
realmente es bastante buena la historia, quedé metido y, aunque se huele a media milla que metieron como 15 conceptos en una juguera, la pusieron a andar a máxima potencia por media hora y sacaron wickerman, no puedo negar que la ensalada salió bien buena :P (Ñam)
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