Aiken Dorumo
¡Bang! Acaba de explotarme la cabeza.Bien, vale, no es cierto. No acaba de explotarme: me explotó el domingo en la tarde. Y tampoco me explotó realmente, pero no creo que haga falta explicar la metáfora. En fin.
Ocasionalmente, y cada vez con menos frecuencia (digamos que el último en repartirme los sesos por la habitación fue Cowboy BeBop, y antes de él, Rurouni Kenshin, y el primero de todos, Evangelion) aparece un animé de esos que trepanan la retina, desgarran la corteza visual, infectan el tálamo entero y se quedan pegados al hipocampo como garrapatas de fuego o chicles bajo el asiento.
Generalmente uno no se lo espera. Tienes una pila de DVDs llenos de cientos de capítulos de series nacidas de la incestuosa promiscuidad autopoyética japonesa, donde de cada 10 animés 2 saben a Dragon Ball Z, 2 saben a Pokémon, 2 saben a Sailor Moon, 1 sabe a una mezcla de estos tres sabores y el último sabe a algo diferente, aderezado con cualquiera de los sabores anteriores. Así que te acostumbras a ver el primer capítulo de cada serie y luego adelantas segundos, minutos y episodios enteros hasta que te cansas o encuentras sexo o sangre, o, preferiblemente, sexo y sangre. Algunos DVDs contendrán romances adolescentes estilo Masakazu Katsura(1), otros, combates interminables a lo Caballeros del Zodiaco (o su versión deportiva, Captain Tsubasa). En algunos habrá robots gigantes y en otros tentacle rape, y en prácticamente todos aparecerá algun bicho extraño y orejón que sirva de mascota al o los protagonistas.
En definitiva, nada que no se haya visto antes.
Por eso se agradecen cosas como Aiken Dorumo (o séase, Aiken Drum), que claro, tiene su pellizco de comedia romántica, su buen par de batallas multiepisódicas, sus mechas espaciales (¡con sables de luz gigantes!) y hasta su tentacle rape encubierto (aunque por suerte carece del animalucho ridículo), porque al fin y al cabo es un animé, pero que además hace algo nuevo. Ahora, seamos claros, hacer algo nuevo es mucho más fácil, y además sale mejor, si uno lo hace encima de algo viejo y bueno. ¿Y qué hay más viejo y mejor que la trilogía original de Star Wars?
Varias cosas, sin duda, pero estaba siendo retórico.
Aiken Dorumo no se contenta con usar la excusa galáctica para tirar una nueva técnica de animación a la parrilla, como hizo Macross Zero, que es un bodrio perfectamente olvidable. Tampoco se repite a sí misma como Gundam o las seriales de ninjas tetonas con falditas a cuadrillé, ni es simplemente una versión animada de los cómics de Dark Horse. No, Aiken Dorumo es una space-ópera-río en formato animé(2).
Esto por sí mismo no es garantía de nada, como un cómic sobre una brigada policial de rarezas que combaten monstruosidades lovecraftianas (y hay muchos) puede ser una porquería si no lo hace alguien como Mike Mignola. Pero ahí es cuando entra en escena el talento y la experiencia de sus creadores. El staff detrás de Aiken Dorumo está formado por Shinichiro Watanabe (director), Yoji Enokido y Kevin J. Anderson (guionistas), Makoto Shimomura (diseño de personajes), y una plétora de japoneses encargados cada uno de algún aspecto técnico/artístico ínfimo y ridículamente específico. La producción es conjunta, por supuesto, con el logo de Lucasfilm Animation apareciendo antes del de I.G., y la música, sorprendentemente, NO es de Yoko Kanno ni de John Williams: casi toda la banda sonora es música clásica, óperas incluidas, con la excepción del opening -Space opera, SHARK!-, el ending -I will wait for you, Connie Francis(3)- y un par de BGMs en el episodio 14, "The last mistake".
Semejante reunión de cerebros tenía que producir algo bueno, aunque de vez en cuando no hay sinergia que valga, sino más bien un efecto de interferencia destructiva que pare abortos (y perdón por la contradicción) como Blue Dragon o Swordshit... digo Swordfish.
Aiken Dorumo va principalmente de las aventuras del personaje homónimo, un ex-soldado special ops y actual cazarrecompensas, pero por supuesto hay muchos otros roles protagónicos, y en un par de capítulos ni siquiera se menciona a Aiken. La serie comienza como una seguidilla de secuencias de acción, manteniendo un ritmo trepidante de explosiones, peleas de artes marciales, duelos con sables de luz y persecuciones a Mach 3, y los creadores no tienen reparo en avanzar la trama con saltos temporales de días, semanas o incluso meses... de hecho, entre el capítulo 19 y el 20 pasan casi diez años, resumidos en una conversación ligera y muchas referencias visuales. Imagino que debe haber un OVA por ahí que cuente con lujo de detalles lo acontecido en esa década silente, en la que Aiken Drum perdió un brazo y ganó varias canas. Anyway, los últimos 3 capítulos tienen más acción que los diez primeros juntos (que tienen bastante), pero también mucha, mucha tristeza, porque ya se sabe, las mejores obras son las que terminan mal o las que simplemente terminan. Así de sencillo. La mayor parte de las películas y series terminan bien porque, en realidad, se cortan en la mejor parte: los cuentos de hadas y las comedias románticas se acaban cuando el chico y la chica se besan, y se olvidan de contar las peleas que llevan a la ruptura cinco años después; las películas de acción se acaban cuando el chico salva el mundo, y no hablan de los años de rehabilitación posteriores, ni de la muerte anónima como un alcohólico patético; las policiales pasan los créditos después de haber hallado al asesino, y no mencionan que la vida sigue y el mundo sigue lleno de psicópatas sueltos; etc. Todas esas cosas están bien para pasar el rato, seguro, pero las obras que uno recuerda más, las que te marcan como un hierro al rojo en el culo son las que terminan mal o sólo terminan(4). Las que hablan de muerte y sacrificio y te dejan un gusto amargo en la boca, agridulce como mucho. Se7en, Romeo y Julieta, Watchmen, The end of the affair, Requiem for a dream, A storm of swords, Evangelion, Rurouni Kenshin, Cowboy BeBop.
Mis disculpas. Está claro que con ese último párrafo y la selección de ejemplos escogida apenas he encubierto un brutal spoiler. Sí, en los últimos episodios de Aiken Dorumo muere gente, mucha gente, y de la más importante.
Hay otros animés donde esto también pasa, claro, y por eso es un logro por parte de Watanabe et al hacer entrañables a los personajes, para que la pérdida duela mucho más y sea valorada adecuadamente, no como cuando muere un Caballero De Plata cualquiera en Saint Seiya o a Mace Windu le pasa lo que le pasa a todos los negros en las películas de blancos.
Lo que hace queribles a los ocho personajes principales de esta serie es que, separando las hipertensionantes escenas de acción se intercalan conversaciones banales y situaciones cotidianas, momentos y relaciones que no tienen nada que ver con gestas heroicas ni búsquedas místicas ni salvar al universo de un nuevo desequilibrio en la Fuerza. No. De eso también hay, pero lo que da sustancia a Aiken, Animah (la asesina que fue enviada a cazar a Aiken y que terminó transformándose en su esposa, y que se parece a la Catwoman de Adam Hughes), Karr (el aprendiz de jedi más indeciso de la historia), Sikvar (el brujo ciego con alma de Calamardo-Dr.Cox), Kee Odo (el jedi conehead sermoneador típico), Thagg (el wookie droidefílico que, vale, lo acepto, hace las veces de la mascota del grupo, pero con más protagonismo y carisma que Ein y muchísima más decencia que Jar Jar), Vel'roo (el artista marcial jedi racista, horrible y leal), Anatta (el Lancelot-style jedi knight) y Darth Demontre (el malo malísimo), lo que les da sustancia, decía, es el verlos conversar alrededor de una mesa, Reservoir dogs-style, discutiendo sobre, por ejemplo, si el Especial de Ruusan es mejor que el Blaster 5 (dos tragos del Expanded Universe... porque obviamente Aiken Dorumo no es canon), cuál es la mejor forma de enseñar trucos a un ewok o qué habrá sido de aquella vieja unidad HK que tantos problemas les dio en el Outer Rim. Porque además de los temas de actualidad y vida diaria, viejas batallitas y glorias pasadas tienen varias: otra característica de Aiken Dorumo es que sus personajes son todos treintones (casi cincuentones en los últimos capítulos), y no jovencitos hiperquinéticos á la Naruto, con lo que debo estar en el rango preciso de edad para disfrutar la serie al máximo.
Del recuento de batallitas y la historia pasada se deduce que cinco de los ocho protagonistas corrieron muchas aventuras juntos, pero si he captado bien el espíritu de la serie, ésa es una precuela que nunca se hará, y la verdad es que queda mejor como un par de flashbacks supercontrastados que como otros 20 capítulos completos. Aunque yo los vería, si el equipo creativo fuera el mismo.
Finalizo como siempre, recomendando la serie (me parece estúpido e inútil metacriticar algo que no me haya gustado). La animación no es nada del otro mundo; no rompe esquemas como FLCL en su tiempo, pero es lo bastante dinámica para la acción que se muestra, y llega a ser sobresaliente en los últimos combates, y en el primero, como es tradición en todo animé. La ambientación está bien cuidada, con todos los carteles en aurebesh y otros símbolos galácticos, y en ese aspecto mantiene el nivel de la primera trilogía, dando una verdadera impresión de... ¿extrañeza? ¿fantasía? Bien, sea lo que sea, está muy bien logrado. Tiene el erotismo preciso, no hay superdeformeds (¡gracias a los dioses!), y la banda sonora es magistral, incluyendo desde lo que todo el mundo identifica sin problemas, como la Quinta Sinfonía de Beethoven, el Requiem de Mozart o el Mesías de Handel, hasta obras más desconocidas como la Elégie harmonique de Dussek o una variación de Brahms a un tema de Paganini.
Y claro, no puede faltar una cuota de revelaciones sorprendentes. Por ejemplo, en el capítulo 9, Aiken y Cía. descubren que son clones.
Ah, sí. Spoiler.
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(1) Bien, no es que existan muchos estilos de romance adolescente, pero encontré oportuno mencionar al gurú de todos los jovenzuelos manganiacos de mi generación, porque fueron su Video Girl Ai, su DNA2 y su obra magna, I"s, quienes me guiaron por el arduo camino del desequilibrio hormonal, en aquella época lejana y salvaje de la juventud preuniversitaria, antes de que mi cerebro tomara por fin el control, dejara de lado los poemas de Bécquer y decidiera que lo único importante en la vida es
(2) O sea, como las novelas-río pero en el espacio y con mucho BustGunning.
(3) Segunda vez que esta misma canción se adosa a un final triste para convertirlo en tristísimo. El ending de Aiken Dorumo es melancolía pura.
(4) Afirmación audaz e imprecisa, regla con infinidad de excepciones, recurso del metacrítico indolente.
(X) El tipo del screenshot al inicio de la metacrítica no es Aiken, sino su archienemigo, Darth Demontre, en su apariencia original preclonamiento.
(3) Segunda vez que esta misma canción se adosa a un final triste para convertirlo en tristísimo. El ending de Aiken Dorumo es melancolía pura.
(4) Afirmación audaz e imprecisa, regla con infinidad de excepciones, recurso del metacrítico indolente.
(X) El tipo del screenshot al inicio de la metacrítica no es Aiken, sino su archienemigo, Darth Demontre, en su apariencia original preclonamiento.
3 comentarios:
oye, tu haces que me crezca el cerebro.
:D
Lo voy a leer dp. Ahora sé que es este blog el que tengo que sindicar.
Y sobre mi tu comment en mi último post... Sí, un poco de ego. Pero asumirlo no le hace mal a nadie.
Saludos.
Abrazos en realidad. Que estés bien.
Saludos a ti y saludos a los que pasen por aqui, conozcan mi propuesta musical visitando mi blog, espero sus posteos, chauuu.
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