jueves 6 de septiembre de 2007

Rat Circus

En caso de que no haya quedado lo bastante claro, me gusta el tema postapocalíptico. Me gusta tanto, en realidad, que no estoy seguro de poder ser objetivo e imparcial a la hora de metacriticar una obra pertenciente al género.

Por poner un ejemplo, estoy viendo Jericho, una serie de televisión que va de gente (bueno, en realidad son estadounidenses) tratando de sobrevivir en unos USA devastados por la explosión de varias bombas de hidrógeno. No es una gran serie. Está llena de clichés, cursos de acción idiotas, inconsistencias argumentales y actuaciones mediocres. Sin embargo, la ambientación está muy bien lograda, los colores son todos grises y pardos y gastados, como en la película The Postman, pero más... naturales. También hay algunos personajes que se comportan creíblemente, y la violencia y el miedo son evidentes y abundantes en varios episodios. Y además, aunque todo fuera una mierda asquerosa en lugar de la papilla insípida que es, no podría dejar de ver la serie porque el concepto me atrae como la luz a una polilla.

Para mí, lo mejor de Lost no son los misterios metafísicos, sino la situación extrema, la psicología tribal y el instinto de supervivencia, por oposición a la mentalidad de enjambre de las grandes ciudades y el inconformismo rutinario new-age superecléctico y autodestructivo de la sociedad. Para mí, lo mejor de Korgoth of Barbaria es la estatua de la libertad hundiéndose en la intro... aunque Korgoth of Barbaria es genial de principio a fin, así que éste no cuenta. Yo, que no soporto a los yankis, leo y disfruto con The Walking Dead, y hasta llegué a leer 200 páginas por día de Preacher, cuyo protagonista es el más insufrible y estúpido redneck que el mundo del cómic haya visto. Yo vi, por decisión propia y más de una vez, películas sosillas como Equilibrium o Escape from New York, e incluso bodrios como Escape de Absalom, Escape from L.A., y hasta la versión cinematopútrida de Judge Dredd. Yo lei una pentalogía y una trilogía ambientadas en el mundo rolero de Dark Sun, aún después de haber leído decenas de franquicio-novelas de los Reinos Olvidados, Ravenloft y Dragonlance, sólo porque Athas es una mezcla de fantasía épica y postapocalipsis (ni de lejos como El Bastón Rúnico, claro).

¡Por los dioses, si hasta veo Survivor y me gustó Armageddon!

Así que, vale, acepto que puedo estar predispuesto a criticar favorablemente casi cualquier cosa que tenga que ver con la desaparición de la civilización y la lucha por sobrevivir. Y por ello entiendo que haya quienes sospechen cuando recomiendo obras como Nausicaä (Miyazaki), Akira (Otomo), Six-String Samurai, El día de los trífidos (Wyndham), The Children of Men (James), Half Life, Ciudad (Simak), Galápagos (Vonnegut), Gipsy (Smolderen y Marini) o cualquiera de las mencionadas en anteriores metacríticas, por no hablar de Rat Circus.

Porque sí, Rat Circus es otro cómic postapocalíptico, y claro, es excelente.

Los autores son Roman Cvêrtz (guión) y David Foldvari (dibujo), y es publicado en España por Norma (e imagino que por Dargaud o Dupuis o algo así en Francia y los Países Bajos, como siempre, y por Heavy Metal en los USA). Este tomo es el primero, y salió a la venta hace poco menos de un año.

El argumento es, repito, post-apocalíptico, lo que significa que a diferencia de la mayoría de los libros, cómics y películas sobre holocaustos zombies, la acción transcurre varios años después de la caída de la civilización. O sea, más Mad Max II que Mad Max I.

Ya en la primera viñeta conocemos a los protagonistas, que son cuatro (y atentos con los nombres, jeje):

Pod, un negro de dos metros y como media tonelada, que desde luego es el líder del grupo y toma las decisiones, aparte de follarse a la chica; Skipe, el más viejo de todos, lo que en este caso significa unos 30 años, el único que había nacido cuando cayeron las bombas (y estas tres palabras, "cayeron las bombas", son la única pista en todo el volumen sobre qué demonios pasó con el mundo), que pilota el tanque y parece tener una historia muy triste sobre los hombros; Firefox, la chica, rubia y alocada al más puro estilo Tank Girl, que se acuesta con Pod y tiene una puntería excelente; y Wii Boy, el hermano de Fire Foxy, un adolescente taciturno que ocupa el lugar más bajo en la jerarquía.

Sin duda, hay un levísimo tufillo a Cowboy BeBop, pero los personajes -y sobretodo la situación- es bastante diferente al mencionado animé, por no decir que aquí no hay mascota de ningún tipo. O se la hubieran comido.

Estos cuatros personajes se desplazan en nada más y nada menos que un tanque, de apariencia un tanto futurista pero sin llegar a los extremos de Shirow Masamune, y que se llama (o sea, lo llaman) Internet. En él atraviesan las ignotas profundidades de Rusia, más allá de los Urales y el mundo de los atlas de mi infancia, con la intención de... Bien, no queda muy claro todavía si escapan de algo o buscan algo, o si hay ciudades que resistieron el cataclismo, cualquiera que éste haya sido. El punto es que se mueven hacie el este, y mientras tanto atraviesan pueblos abandonados y se enfrentan a tribus de supervivientes.

La mayor parte del número 1 tiene que ver precisamente con esto, un combate contra una tribu de niños de entre 8 y 15 años, liderados por una mujer salida, sin duda, de la voluptuosa imaginación de Richard Corben. El episodio recuerda en parte a aquella vez en que Simón se encontró con los muchachos de Skodi, pero aunque ése era uno de los pasajes más enfermizos de Añoranzas y Pesares, la versión de Cvêrtz y Foldvari es con mucho más cruel y descarnada. Se debe sobretodo a que el tanque es bonito y resistente y todo eso, claro, pero no tiene munición, así que las peleas son generalmente cuerpo a cuerpo (no hay que desperdiciar las balas, que sirven para cazar), e involucran tajos, tripas, pelo arrancado y ojos reventados.

Porque lo mejor de Rat Circus es la violencia, una grasienta y deliciosa mezcla de sangre y fuego (con el perdón de los Targaryen). La receta sería más o menos la siguiente: tómense Berserk y Hard Boiled y cocínense con furia en el casco de Gomer Pyle, sobre las cenizas de Depredador. Agréguense pedazos de Starship Troopers muertos y sazónese el resultado con una pizca de Marshall Law, mientras aprovecha de leer Tormenta de Espadas escuchando lo peor de Cannibal Corpse.

Bien, puedo estar exagerando, pero el punto es que es un cómic violento, donde los niños mueren... no, donde los niños asesinan y son asesinados. Apenas hay espacio para el romanticismo, la contemplación o la filosofía de la pérdida. Tal vez haya algo de eso en los próximos tomos, algo de compasión o culpa o incluso amor, pero por el momento la ley es matar o morir. Rat Circus es mucha acción y poco texto, con un dibujo lo bastante sucio para dar una impresión de desamparo y ansiedad trepidantes, pero lo bastante limpio para no resultar confuso, con bordes gruesos y contornos definidos. Digamos, ¿Kevin O'neill meets Mike Mignola?

La verdad es que con un guión tan silencioso como éste, uno tiende a sobrevalorar al artista por sobre el escritor, pero el argumento es sólido. Solidísimo, fuerte, impactante. Lo que hay que valorar aquí es que Cvêrtz haya podido transmitir su idea adecuadamente, y que Foldvari haya sido tan capaz de plasmarla en el papel. Pero de todos modos no he leído nada más de Mr. Roman, y de el Sr. David sólo he visto el portafolio, así que en vez de hacer conjeturas me quedo con lo que hay, que es muy bueno.

En resumen: un cómic muy cinematográfico, cuya primera entrega está hecha para impactar y nada más. No hay gran desarrollo de personajes, y surgen cientos de preguntas sobre el trasfondo y el holocausto, pero la historia avanza, y el concepto es rutilante. Espero poder continuar la lectura de Rat Circus, pero conociendo la velocidad de publicación del cómic europeo, mucho más técnico y personal que el gringo o el japonés, me parece que pasarán meses antes de tener el segundo tomo en mis manos... o en mi pantalla.

Lo que lleva a una última confesión.

Hay otra razón por la que esta metacrítica puede ser más subjetiva de lo aconsejable, y es que Rat Circus es el primer cómic nuevo que tengo en mis manos en casi año y medio. Y cuando escribo manos, quiero decir precisamente eso. Entre el precio inmoral al que se venden en el comercio, donde además no siempre encuentras lo que buscas, y la facilidad inmoral con la que se pueden bajar de internet, donde la oferta siempre supera la demanda, hace meses que leo los cómics en la pantalla del computador (con la excepción de aquellos que compré o me regalaron en los 80's y 90's, en otro continente).

La emoción de volver a sentir el olor a pegamento entre las hojas, la sensación de peso y textura, la cualidad tridimensional y sólida del tomo... todo eso puede haber influido ligeramente en mi apreciación. Pero bueno, podríamos decir que la presentación es otra característica criticable, y en ese aspecto Rat Circus también cumple su propósito, con el formato europeo tradicional, grande y de tapas duras, que tanto se agradece en un mundo dominado por comic-books blandos llenos de propaganda y mangas desechables producidos en serie (que también leo, desde luego). Aunque la portada sí que es algo sosa, sí... Hubiera quedado mejor una imagen del tanque.

O un niño muerto.

1 comentarios:

Gabriel dijo...

Sólo puedo decir que ahora puro quiero leer este cómic. A mí también me sobornan el buen gusto los escenarios post-apocalípticos. Ya que está de moda que todos confiesen que hicieron un ridículo fanfic cuando chicos, yo confesaré, en exclusiva para tu blog, que cuando chico hice un fanfic de "El día después". Bueno, no tan chico.

Saludos!

Gabriel

p.s: cuál de tus OCHENTA blogs leo???