Rat Circus Revisited
He hablado muchas veces ya de la Teoría de los Campos Mórficos de Sheldrake, el Espacio de las Ideas de Moore, el zeitgeist de Hegel o la noósfera de de Chardin, porque me fascina e intriga la forma en que conceptos, estilos, descubrimientos e inventos se las arreglan para brotar espontáneamente en puntos temporal y/o espacialmente distantes, sin que pueda trazarse una relación clara entre uno y otro.
En el orwelliano e insomne mundo moderno, donde nada retiene nuestra atención más de unos momentos, tenemos acceso a todo y sin embargo captamos conscientemente casi nada, y esto también lo hemos mencionado en post after post after post, la originalidad es tan escasa y preciada como los unicornios. Las historias de hoy triunfan o mueren no por lo que nos cuentan, sino por cómo lo hacen.
Repito todo esto porque hace muy poco llegó a mis manos el segundo y tercer tomo del cómic europeo postapocalíptico Rat Circus, casi al mismo tiempo que descargué y leí los tres primeros capítulos de Zero Killer, publicado por Dark Horse, y las similitudes son desconcertantes.
Ambos títulos comenzaron a publicarse el año pasado, con sólo un mes de diferencia, y de cada uno de ellos han sido publicados los primeros tres números (en el caso de Rat Circus se debe a que, bueno, la maquinaria editorial europea se mueve de una forma diferente, mientras que Zero Killer lleva un delay de casi un año desde que salió el último episodio... ojalá no se convierta en el próximo Ultimate Wolverine vs Hulk). Ambos tienen como escenario un mundo devastado por la guerra nuclear, con pandillas a lo Mad Max o El Puño de la Estrella del Norte. En los dos casos el papel principal recae en un negro seco pa' la pelea, aunque en Rat Circus es un coloso estilo Barracuda acompañado por varios otros personajes relevantes, y en Zero Killer el protagonista es un tipo más esbelto a lo capoeira. Y en ambos hay multitud de expresiones y palabras deformadas (como el "fatherfucker" de Y: The Last Man) que ayudan a dar sustancia a la ilusión de que han pasado años y la civilización que dio origen a Los Simpsons y Friends es cada vez más mitología que historia.
Desde luego, más allá de estas casualidades, la similitud más importante es la atmósfera, que pese a los diferentes estilos artísticos está muy lograda en ambos casos, hasta el punto de que se pueden leer como las aventuras de dos hermanos (Zero y Pod) separados por la catástrofe.
Del primer tomo de Rat Circus ya hablé hace más de un año, así que sólo una breve puesta al día: tras acabar con buena parte de la pandilla de niños caníbales mongólicos (digo, mongoles) y poner al resto en fuga, no sin antes capturar a una niña para que Wii Boy pueda iniciar su vida sexual (sí, la viola y sí, después Skipe, siempre frustrado y desesperanzado, la mata de un tiro porque ésa es su peculiar forma de tratar con el mundo salvaje), el grupo sigue moviéndose hacia el este. Al entrar en lo que en otro tiempo fue China, se topan con una gran explanada en la que tuvo lugar una batalla de infantería, llena de las carcasas negruzcas de jeeps, tanques, ATVs, etc. Allí saquean lo que pueden (algunas balas de fusil, un par de litros de combustible y, lo más importante, un obús para Internet) y se enfrentan a otros saqueadores, conocen a un par de supervivientes amistosos (no verdaderamente amistosos, pero de ésos que valen un poco más vivos que muertos) y hablan un rato sobre el viejo mundo.
O sea, racconto, y nos enteramos de la historia de Skipe, que es The Road + 28 Weeks Later + The Walking Dead + Mad Max + Dawn of the Dead = el tipo con esposa e hijos que lo perdió todo antes, durante y después de que cayeron las bombas que convirtieron al mundo en lo que es. Contado así parece tópico, patético y hasta ridículo, pero el guión de Cvêrtz no es ninguna de estas tres cosas (no sé nada de Roman Cvêrtz, pero con ese nombre no puedo dejar de imaginar que haya sufrido más de una pérdida durante las violentas décadas pasadas en Europa del Este, y que su experiencia le permite escribir escenas tan bestiales de una manera realista, no caricaturescas como las que salen de los dedos de Warren Ellis o Garth Ennis).
Finalmente, en las últimas páginas del tomo 3 utilizan el proyectil para abrir un boquete en la Gran Muralla China; después de eso la gasolina se les acaba y entran caminando en lo que solía llamarse Korea del Norte. Perdonarán que no incluya muchas imágenes de Rat Circus pero como dije en The Metacritic, tengo estos cómics en papel (comprados en España, porque no los he visto en Santiago, aunque tampoco es que visite mucho las comiquerías... si alguien lo ve por ahí, avise) y a diferencia de los cómics gringos mensuales, estos son de tapa dura y no quiero forzar ni doblar nada al escanearlos. Muy de vez en cuando un título me gusta lo bastante para gastar dinero en él, y éste lo logró. Pero claro, soy un adicto a la literatura postapocalíptica.
De hecho, fue escribiendo postapocalyptic comic en el Google que me encontré con Zero Killer. Había visto los anuncios en la página de Dark Horse el año pasado, y leído una entrevista a Arvid Nelson, el guionista, en Newsarama, pero por alguna razón no lo había recordado hasta ahora.
En la cronología de Zero Killer, el holocausto nuclear tuvo lugar en 1973 y acabó con el 90% de la población mundial. La narración se concentra en una Nueva York semisumergida, donde los supervivientes se organizan en clanes que habitan los distintos edificios que permanecen en pie, casi todos reconocibles hasta para el anti-yanki más recalcitrante: el Empire State, el Chrysler, las Torres Gemelas, que nunca cayeron (aunque igual un helicóptero se estrella contra una en el #2). Aparte de estas bandas muy bien organizadas jerárquicamente, y de los sobrevivientes solitarios como Zero, el protagonista, la otra facción mayoritaria es el ejército de los USA, o JOCOM. No es que los USA sigan existiendo realmente, claro, pero díselo a los militares, que pasan la vida soñando con situaciones como ésta que los pongan en control (The Siege, Jericho, cualquier película de invasión extraterrestre...). Lo mejor es que al final de cada número se incluye un folletín de JOCOM que ayuda a los soldados a comportarse adecuadamente si se topan con miembros de estas bandas, o algún otro anexo informativo que le da más sabor al asunto.
La historia es buena, aunque al centrarse sólo en Nueva York se pierde un poco la sensación de catástrofe global que logra Rat Circus (el mejor ejemplo de holocausto pangeográfico debe ser World War Z, de Max Brooks, aunque Waterworld no lo hizo mal). En ese sentido recuerda un poco a un cómic de temática similar, DMZ, donde la ciudad a la que cantó Frank Sinatra es una zona de guerra y caos en la que sólo falta Snake, y que también es completamente recomendable.
En Zero Killer #1, Zero salva a una chica de ser golpeada, violada y probablemente asesinada por tres pandilleros desertores de los Black Cats. Les da una paliza y se los lleva de vuelta a la Black Dahlia, la líder de la banda, una femme fatale sádica tipo Grace Jones, pero atractiva. Dahlia recompensa a los desertores con la muerte, y a Zero con pegamento. ¿Pegamento? Bueno sí, pegamento industrial, resina epoxi que Zero quiere para el barco que está construyendo en secreto para irse a África, el único lugar del planeta que supuestamente no fue tocado por el fuego atómico.
En el #2 unos tipos de JOCOM pierden un maletín bastante importante, y como Zero es el tipo que busca y encuentra cosas en Manhattan, es reclutado a la fuerza por otros tipos, esta vez del Emirato de Sudán, para recuperarlo. Lo malo es que el maletín cayó en una de las Torres Gemelas, y, como nos enteramos en el #3, allí es donde Zero perdió a su hermano mayor (no, no era Pod), por lo que no tiene muchas ganas de ir.
Probablemente Zero Killer me gustaría de cualquier forma, pero el arte es un plus, porque los dibujos de Matt Camp y el color de Dave Stewart son maravillosos, y me recuerdan un poco al espíritu de Y: The Last Man, una de mis series favoritas de todos los tiempos, aunque el estilo de Camp en sí mismo es más semejante al de Jamie McKelvie (Suburban Glamour, Phonogram...), sólo que más dinámico. Claro que en ese caso la diferencia fundamental la hace el color, porque donde los cómics de McKelvie suelen estar llenos de colores planos y alegres, los que utiliza Stewart son más apagados y sombríos, acorde al tema de fondo.
Probablemente es en el aspecto gráfico que Zero Killer aventaja a Rat Circus, que color no tiene ninguno excepto el rojo de la sangre en algunas viñetas selectas. Pero de todos modos la calidad es excelente en ambos casos.
Recomiendo los dos cómics a todo amante del género postapocalíptico en general, aunque lamentablemente Rat Circus no sale muy a menudo (calculo dos o tres números al año, como máximo) y al ser edición europea imagino que, de llegar a Chile, lo hará con un precio inmoral, mientras que Zero Killer, como dije antes, lleva más de un año estancado. Por otra parte, eso significa que no cuesta nada ponerse al día con ambas historias.
Por mi parte, es hora de empezar a leer Resurrection, un cómic cuya premisa es básicamente "bien, los puñeteros marcianos de H.G. Wells vinieron, hicieron lo que quisieron, destrozaron el mundo, y al final se fueron/murieron... ¿y ahora qué?".
En el orwelliano e insomne mundo moderno, donde nada retiene nuestra atención más de unos momentos, tenemos acceso a todo y sin embargo captamos conscientemente casi nada, y esto también lo hemos mencionado en post after post after post, la originalidad es tan escasa y preciada como los unicornios. Las historias de hoy triunfan o mueren no por lo que nos cuentan, sino por cómo lo hacen.
Repito todo esto porque hace muy poco llegó a mis manos el segundo y tercer tomo del cómic europeo postapocalíptico Rat Circus, casi al mismo tiempo que descargué y leí los tres primeros capítulos de Zero Killer, publicado por Dark Horse, y las similitudes son desconcertantes.
Ambos títulos comenzaron a publicarse el año pasado, con sólo un mes de diferencia, y de cada uno de ellos han sido publicados los primeros tres números (en el caso de Rat Circus se debe a que, bueno, la maquinaria editorial europea se mueve de una forma diferente, mientras que Zero Killer lleva un delay de casi un año desde que salió el último episodio... ojalá no se convierta en el próximo Ultimate Wolverine vs Hulk). Ambos tienen como escenario un mundo devastado por la guerra nuclear, con pandillas a lo Mad Max o El Puño de la Estrella del Norte. En los dos casos el papel principal recae en un negro seco pa' la pelea, aunque en Rat Circus es un coloso estilo Barracuda acompañado por varios otros personajes relevantes, y en Zero Killer el protagonista es un tipo más esbelto a lo capoeira. Y en ambos hay multitud de expresiones y palabras deformadas (como el "fatherfucker" de Y: The Last Man) que ayudan a dar sustancia a la ilusión de que han pasado años y la civilización que dio origen a Los Simpsons y Friends es cada vez más mitología que historia.
Desde luego, más allá de estas casualidades, la similitud más importante es la atmósfera, que pese a los diferentes estilos artísticos está muy lograda en ambos casos, hasta el punto de que se pueden leer como las aventuras de dos hermanos (Zero y Pod) separados por la catástrofe.
Del primer tomo de Rat Circus ya hablé hace más de un año, así que sólo una breve puesta al día: tras acabar con buena parte de la pandilla de niños caníbales mongólicos (digo, mongoles) y poner al resto en fuga, no sin antes capturar a una niña para que Wii Boy pueda iniciar su vida sexual (sí, la viola y sí, después Skipe, siempre frustrado y desesperanzado, la mata de un tiro porque ésa es su peculiar forma de tratar con el mundo salvaje), el grupo sigue moviéndose hacia el este. Al entrar en lo que en otro tiempo fue China, se topan con una gran explanada en la que tuvo lugar una batalla de infantería, llena de las carcasas negruzcas de jeeps, tanques, ATVs, etc. Allí saquean lo que pueden (algunas balas de fusil, un par de litros de combustible y, lo más importante, un obús para Internet) y se enfrentan a otros saqueadores, conocen a un par de supervivientes amistosos (no verdaderamente amistosos, pero de ésos que valen un poco más vivos que muertos) y hablan un rato sobre el viejo mundo.
O sea, racconto, y nos enteramos de la historia de Skipe, que es The Road + 28 Weeks Later + The Walking Dead + Mad Max + Dawn of the Dead = el tipo con esposa e hijos que lo perdió todo antes, durante y después de que cayeron las bombas que convirtieron al mundo en lo que es. Contado así parece tópico, patético y hasta ridículo, pero el guión de Cvêrtz no es ninguna de estas tres cosas (no sé nada de Roman Cvêrtz, pero con ese nombre no puedo dejar de imaginar que haya sufrido más de una pérdida durante las violentas décadas pasadas en Europa del Este, y que su experiencia le permite escribir escenas tan bestiales de una manera realista, no caricaturescas como las que salen de los dedos de Warren Ellis o Garth Ennis).
Finalmente, en las últimas páginas del tomo 3 utilizan el proyectil para abrir un boquete en la Gran Muralla China; después de eso la gasolina se les acaba y entran caminando en lo que solía llamarse Korea del Norte. Perdonarán que no incluya muchas imágenes de Rat Circus pero como dije en The Metacritic, tengo estos cómics en papel (comprados en España, porque no los he visto en Santiago, aunque tampoco es que visite mucho las comiquerías... si alguien lo ve por ahí, avise) y a diferencia de los cómics gringos mensuales, estos son de tapa dura y no quiero forzar ni doblar nada al escanearlos. Muy de vez en cuando un título me gusta lo bastante para gastar dinero en él, y éste lo logró. Pero claro, soy un adicto a la literatura postapocalíptica.
De hecho, fue escribiendo postapocalyptic comic en el Google que me encontré con Zero Killer. Había visto los anuncios en la página de Dark Horse el año pasado, y leído una entrevista a Arvid Nelson, el guionista, en Newsarama, pero por alguna razón no lo había recordado hasta ahora.
En la cronología de Zero Killer, el holocausto nuclear tuvo lugar en 1973 y acabó con el 90% de la población mundial. La narración se concentra en una Nueva York semisumergida, donde los supervivientes se organizan en clanes que habitan los distintos edificios que permanecen en pie, casi todos reconocibles hasta para el anti-yanki más recalcitrante: el Empire State, el Chrysler, las Torres Gemelas, que nunca cayeron (aunque igual un helicóptero se estrella contra una en el #2). Aparte de estas bandas muy bien organizadas jerárquicamente, y de los sobrevivientes solitarios como Zero, el protagonista, la otra facción mayoritaria es el ejército de los USA, o JOCOM. No es que los USA sigan existiendo realmente, claro, pero díselo a los militares, que pasan la vida soñando con situaciones como ésta que los pongan en control (The Siege, Jericho, cualquier película de invasión extraterrestre...). Lo mejor es que al final de cada número se incluye un folletín de JOCOM que ayuda a los soldados a comportarse adecuadamente si se topan con miembros de estas bandas, o algún otro anexo informativo que le da más sabor al asunto.
La historia es buena, aunque al centrarse sólo en Nueva York se pierde un poco la sensación de catástrofe global que logra Rat Circus (el mejor ejemplo de holocausto pangeográfico debe ser World War Z, de Max Brooks, aunque Waterworld no lo hizo mal). En ese sentido recuerda un poco a un cómic de temática similar, DMZ, donde la ciudad a la que cantó Frank Sinatra es una zona de guerra y caos en la que sólo falta Snake, y que también es completamente recomendable.
En Zero Killer #1, Zero salva a una chica de ser golpeada, violada y probablemente asesinada por tres pandilleros desertores de los Black Cats. Les da una paliza y se los lleva de vuelta a la Black Dahlia, la líder de la banda, una femme fatale sádica tipo Grace Jones, pero atractiva. Dahlia recompensa a los desertores con la muerte, y a Zero con pegamento. ¿Pegamento? Bueno sí, pegamento industrial, resina epoxi que Zero quiere para el barco que está construyendo en secreto para irse a África, el único lugar del planeta que supuestamente no fue tocado por el fuego atómico.
En el #2 unos tipos de JOCOM pierden un maletín bastante importante, y como Zero es el tipo que busca y encuentra cosas en Manhattan, es reclutado a la fuerza por otros tipos, esta vez del Emirato de Sudán, para recuperarlo. Lo malo es que el maletín cayó en una de las Torres Gemelas, y, como nos enteramos en el #3, allí es donde Zero perdió a su hermano mayor (no, no era Pod), por lo que no tiene muchas ganas de ir.
Probablemente Zero Killer me gustaría de cualquier forma, pero el arte es un plus, porque los dibujos de Matt Camp y el color de Dave Stewart son maravillosos, y me recuerdan un poco al espíritu de Y: The Last Man, una de mis series favoritas de todos los tiempos, aunque el estilo de Camp en sí mismo es más semejante al de Jamie McKelvie (Suburban Glamour, Phonogram...), sólo que más dinámico. Claro que en ese caso la diferencia fundamental la hace el color, porque donde los cómics de McKelvie suelen estar llenos de colores planos y alegres, los que utiliza Stewart son más apagados y sombríos, acorde al tema de fondo.
Probablemente es en el aspecto gráfico que Zero Killer aventaja a Rat Circus, que color no tiene ninguno excepto el rojo de la sangre en algunas viñetas selectas. Pero de todos modos la calidad es excelente en ambos casos.
Recomiendo los dos cómics a todo amante del género postapocalíptico en general, aunque lamentablemente Rat Circus no sale muy a menudo (calculo dos o tres números al año, como máximo) y al ser edición europea imagino que, de llegar a Chile, lo hará con un precio inmoral, mientras que Zero Killer, como dije antes, lleva más de un año estancado. Por otra parte, eso significa que no cuesta nada ponerse al día con ambas historias.
Por mi parte, es hora de empezar a leer Resurrection, un cómic cuya premisa es básicamente "bien, los puñeteros marcianos de H.G. Wells vinieron, hicieron lo que quisieron, destrozaron el mundo, y al final se fueron/murieron... ¿y ahora qué?".

1 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada